jueves, 17 de abril de 2008

Soy Biodegradable.

Para llegar a esta conclusión, el pobre Lex se desgasto los últimos 23 años de su vida buscando la razón de su existir. Sabía que había recorrido el mismo camino que los demás, sabia que en su programación estaría el preguntarse sobre si mismo y sabia que haría el mismo ridículo que todos los mortales. Por eso buscaba incansablemente sobre alguna base teórica nueva, un camino por el cual nadie había transitado, y su rostro se iluminó al saber que había dado con la frase que lo identificaría por el resto de sus días.
“Soy Biodegradable”- Apenas se delineaba una pequeña curva a cada extremo de su boca, mientras iba en el bus regreso a su casa. Imaginaba como esa frase podría cambiar la visión de las personas, el estampado en una camiseta, una frase de moda, y una próxima cultura a surgir.
Pero como su misma filosofía de vida le dictaba, quedaría simplemente en un pensamiento, una idea que no daría fruto, y que permanecería allí, hasta que algún día se hiciese realidad.
Sin embargo esta misma frase empezó a cobrar vida, y el hecho de saber que terminaría sus días como una entidad Biodegradable le asustó tanto, que decidió lanzarse a su escritorio y escribir estas cortas líneas denunciando el atropello que el destino le había demarcado a él, y sólo a él.
Es así como Lex descubrió ese día el poder de la lectura y su vana perpetuidad, que podría llevar este mensaje a alguien 200 o 300 años en el futuro, lográndose ocultar bajo un estúpido seudónimo como “Lex”, y aceptando en este escrito, que Francisco lo escribió.

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