Para empezar la historia es bien rara y truculenta, pero así fue. Si no estás preparado para creerla, no sigas. Es de locos el que haya este tipo de vivencias y sobre todo aquí en Bogotá, en un barrio cualquiera, en una esquina cualquiera y con un matrimonio cualquiera.
Martín, empleado de una cadena de comidas rápidas regresaba de su ardua labor después de un día lleno de complicaciones y el sólo hecho de llegar a su casa ya le parecía un infierno; eso es lo que pensaríamos desde su perspectiva, pero las cosas no eran así. Vivía celoso de su hermosa mujer y pensaba inevitablemente en como esta compañera llegaría el día en que lo defraudaría. Todo eran peleas y disgustos, gritos, objetos volando y paulatinamente el ambiente se tornaba peor.
Con su hijo de 4 años de edad, Gabriela solo ansiaba que fueran las 6 de la mañana del día siguiente, cuando no lo volvería a ver, por lo menos hasta la noche. Su hogar se había convertido en un campo de concentración. Hacia lo posible por encontrar un empleo y esperaba con ello calmar los desmanes de su marido. Todo intento era inútil, cualquier disculpa era un pretexto para comenzar, hasta que los golpes hicieron su entrada.
Martín, imaginaba todo el día como su esposa lo estaría traicionando de forma descarada y sin pena, cosa que le podía chocar, y sin darse cuenta esta imagen deplorable había aparecido en su mente y lo había convertido en un esclavo de este sentimiento.
Gabriela no hallaba razones para su comportamiento, busco ayuda, leyó en libros, pero todo esfuerzo le resultaba inútil. Solo podía empezar a pensar en que momento ella se había equivocado y había mandado todo esto a la porra, y a veces llegaba a la conclusión que su única falta había sido no obedecer a su corazón.
En medio de la soledad de las mañanas, cuando su hijo estaba en el jardín, Gabriela repasaba cada episodio de su vida y buscaba si había alguna falla en ella para el resultado que estaba obteniendo. No lo quería admitir, pero bajo tanta presión ese viejo sentimiento volvía a brotar. Ese viejo amor de la infancia aun estaba allí. ¿Había algo de malo con tenerlo, o con recordarlo?
Las peleas eran aun peor y antes de que esta costumbre se hiciera necesaria, decidió buscar consejo en él.
Intento varias veces hasta que su voz hizo un enorme eco en su interior. El tono, las inflexiones, los chistes, recapacitaba con cada palabra, cada minuto, la desgracia de su mala decisión.
No estaba muy lejos el día en que se volvería a encontrar con su primer amor, amor de infancia, puro, sincero, y amor, no obligación, amor!
La excusa: un café. Señales particulares aparecían en el ambiente, él soltero, con estudios adelantados, y ella, una ama de casa mas. Sentados frente a frente, todo este lenguaje particular de las personas que fueron hechas la una para la otra se desplegaba en una infinita gama de espectacularidad. Para los demás clientes del café era un bonito cuadro de los que pocas veces se ve. Tanto así que más de uno en ese sitio aseguraba que estaban hechos el uno para el otro.
Gabriela regreso a su casa llena de pensamientos, sentimientos y una difusa gama de emociones que chocaban con la vida fragmentada y estéticamente ornamentada en la cual había jurado emprender. Pero así fuese por sólo un instante, recurriría a ese momento vivido en la cafetería para olvidar sus penas.
No alcanzo a abrir la puerta de su casa cuando Martin sentó su puño contra la mesa haciendo saltar el salero y estremecer la alcoba. Le pregunto donde había estado con una cara amenazante y se iba acercando poco a poco con una cabeza hacia el frente y hombros atrás, manos cerradas en puño y una mirada que cortaba.
Sintió su aroma, percibió su belleza, belleza que no le correspondía a él, se imagino lo peor, y llevado de algo que ni el mismo comprendía, la tumbó contra el sillón de la sala, le dio un par de patadas, de bofetadas y agarrándola por el cabello la amenazo de muerte.
- ¡Me enteró que está saliendo con otro y la mató!!! ¡Juro que la mato! ¿Me oyó Gabriela?
Acababa de tener un contacto físico violento, pero no lo sintió. El evento de la tarde la inmunizó contra tales ataques, y es que cuando se trata del verdadero amor no hay nada más fuerte.
Esa noche en la cama. Nunca antes había sentido peligrar su vida en una cama, la tensión crecía cada momento.
- ¿Estás pensando en él cierto? ¡Perra!
Las palabras cargadas de odio, celos y resentimiento golpeaban su vida en esta horizontal posición. Cubierta por la oscuridad de aquella alcoba, que ni en el día le pegaba un rayo de luz, Gabriela escapaba en su mente a aquella cafetería.
Martín recibía malos tratos en su empleo, el dinero no alcanzaba, y aun así, en su orgullo a perder lo mas sagrado para él, nunca dejaría a Gabriela ir a trabajar. Esta dualidad y confusión económica lo ponía en entre dicho, pero nunca dejaría que le ganara a su orgullo.
A la mañana siguiente Gabriela deseaba escapar de ese oscuro apartamento, pero le fue imposible al encontrarse encerrada en su misma casa.
No se sabe cuanto tiempo duró viendo fijamente la chapa de la puerta cerrada y con candado, pero fue bastante, hasta que despertó el pequeño Manuel con un hambre voraz. Le preparo su desayuno y se sentó a ver el momento en que llegaría su descontrolado marido.
Gritos, insultos salían de la boca de este provocador sin causa, mientras ella se quedaba fijamente mirando la cerradura de su puerta. Golpes, aruños, pero ni una sola palabra pronunció Gabriela. Perdida en un punto fijo lanzaba su defensa. La puerta.
Hipnotizada por su realidad, parecía haber entrado en un estado vegetal. Su inconsciente marido logro engañar sus familiares contándoles las aventuras amorosas que ella tenia con algún hombre. Hizo que los padres de Gabriela se hicieran a cargo del pequeño, y los convenció de la traición a la cual había llegado su hija.
Gabriela ahora era prisionera, y sometida bajo los embrujos de su marido, apenas daba indicios de tener una racionalidad viva. En su soledad se daba cuenta de lo sucedido y se echaba a llorar. A veces tenía el impulso, pero todo riesgo que corriera parecía mortal. Así sucedió por varios días.
Martín no sabía si reír o llorar cuando escucho que su mujer hablaba, al parecer con un hombre. Despacio y como pudo, saco las llaves de su bolsillo para abrir la puerta de su casa, y con los hombros hacia atrás, adquiría esa posición maléfica que lo acompañaba. Apenas se podía ver como se movían sus brazos y manos al abrir la puerta. Su cuerpo fragmentado y en desplazamiento fantasmal ingresa a su pequeña casa, y con esta entrada le presentaba a un par de vecinos lo que mas adelante vendría.
Sin hacer ruido, escuchaba una sonrisa suave y ligera que venia de su alcoba. Palabras como “te quiero”, “me has hecho falta”, lo rompían por dentro y a la vez le recordaba ese tono de voz que lo enamoró. Esas palabras que algún día fueron para él, ahora están en otro hombre.
De un impulso abrió la puerta y esperando lo peor no daba crédito a lo que sus ojos veían. Lo desgastada y golpeada de Gabriela se encontraba acostada en su cama, de medio lado mirando un espacio vacio, llenándolo con el hombre de la cafetería. Martin miraba atónito como su mujer reía y acariciaba un espacio que antes era de él.
Lo señalaba, lo miraba fijamente, le hablaba y lo peor de todo es que lo podía ver. Sentía como si en realidad estuviese allí. Y era tanto lo que la hacia sentir bien que ni se dio por enterada de la llegada del infeliz.
Martin sabia, que no había nada peor que un adulterio en la mente de su esposa. Sintió como este tiempo, había dado lugar a una cita inamovible todo el tiempo que Gabriela quisiera. Martín llevado de la ira arranco a su esposa de la cama interrumpiendo su soliloquio y la llevo contra el piso. La gravedad hizo lo suyo y en medio de este viaje al suelo, su cabeza se golpeo contra la mesita de noche. Este cromañón no reparo el golpes y patadas, patadas que reservo solo para el pie derecho de su mujer y que concentró allí todo el tiempo que duró este crimen. Gabriela indefensa solo cubría su cabeza, soportando el golpe contra la mesita. Escondía su cabeza como si estuviera guardando lo mas preciado, el ser imaginario que ahora vivía en ella.
La golpiza duró tanto que este continuó impacto sobre su pie le había adormecido la pierna. Ya no le importaba nada más, solo el recuerdo a salvo dentro de ella era ahora la única razón de su existir.
Nublado por la ira, y ahora un poco mejor por descargarla, salió sin saber a donde iba. Gabriela permaneció allí tendida en el suelo toda la noche. Se levantó como pudo y llamó a la ambulancia, que de inmediato apareció.
El dictamen no pudo ser peor, había que amputar. Sin mayor resignación acepto el trato. Su rostro resplandecía cada vez más. Los familiares fueron enterados de lo sucedido, todos acudieron a ver el siniestro. Y aunque las señales eran obvias ella nunca lo denunció.
Martín entra a su casa y ve su mujer sentada en una silla de ruedas todos los días. No entendía como Gabriela había inventado una historia tan confusa y a la vez tan perfecta para despistar a la fiscalía, nunca hubo demanda, ni siquiera hay registros en medicina legal. Esto le resultó peor a Martín pues ahora entendía que nunca lo traicionó, y si era por contar historias bien podía haberse salido con la suya.
Ahora el llegar a su casa era un verdadero infierno para su conciencia, que no reparaba en acusaciones. Era verla allí sentada continuando con el oficio hogareño, esclava y amarrada de una pierna que ahora no está.
No podía verla a la cara, eran 3 meses desde el incidente, y no entendía como podía resplandecer su rostro.
- Conseguiré el mejor aparato ortopédico.
Eran las únicas palabras audibles que flotaban en la sala de su casa en meses. Gabriela lo miró después de mucho tiempo. Tomo sus muletas y entró en el cuarto del pequeño para ayudarle con sus tareas.
Agobiado por la actitud de su esposa, demostrando esta valentía y perdón, Martín en un impulso de misericordia busco la manera de solventar este terrible hecho.
Durante una noche, en medio de la comida, le prometió a su amada un regalo, asegurándole que iba a llenar ese vacío. Una semana después y luego de tanto pensar y buscar, entró a la casa con un enorme pedazo de bronce. El enorme bloque lo colocó en el patio y de inmediato se dio a la tarea de esculpirlo. Hacia mucho ruido y compró algunas herramientas para el caso.
Gabriela apenas podía creer lo que ahora hacia esta mente degenerada. Poco a poco el fracasado artista le iba dando forma a una especie de sandalia, cosa que le llevo bastante tiempo, pero el necesario para hacerlo entrar en el pie de marfil.
Esa mañana, en completo silencio, llevo a Gabriela en su silla de ruedas hasta el patio, donde en un pequeño pedestal había una figura en honor a su pierna perdida. Era realmente hermosa. Una pieza única, cada detalle, cada curva. Los ojos de culpa de Martín se aguaron al verla allí. Gabriela despectivamente miraba la agobiada mente de su marido cuando sin más reparo la saco de su asiento y la hizo posar con la figura humana. Hizo que pusiera lo que quedaba de su rodilla derecha sobre el monumento.
Ella poso con cierta dificultad, buscando el equilibrio y pronto estaba allí. El enfermo o agobiado marido busco de inmediato su cámara fotográfica y capturó ese momento. Pudo ver en la instamatic la perfección de su obra encajando con la que se había casado.
La ayudo a sentarse nuevamente en la silla de ruedas y se dispuso a servir el almuerzo. Gabriela quedo hipnotizada por la pequeña ceremonia y quedó inmersa viendo la pequeña escultura.
- Hice un gran esfuerzo y a mas tardar en 3 día llega la prótesis a la casa, debes verificar que haya quedado a tu medida, que te sientas cómoda.
Gabriela parecía nuevamente un vegetal y no quitaba la vista de su pequeña escultura.
Fueron justamente 2 días los que paso viendo esta pierna de marfil. Sentada no hacia más que eso. Su esposo entendía lo duro que había sido con ella, no la juzgaba. Hasta volvió a verla hablar sola con este personaje que habitaba ahora su memoria. Pero fue ese día, no comprendía como pero había sucedido.
La familia preguntaba por ella, nadie daba razón. Martín desesperado convulsionaba de ira y remordimiento donde siempre lo tuvo que hacer, en su cabeza. Sus vecinos veían como ahora este calmado y dubitativo ser iba de un lado de la calle al otro, como si se tratara de una investigación. Arrepentido por fuera, daba explicaciones al respecto, solo, en la calle.
Su familia desesperada, la busco por todas partes, avisos, anuncios, denuncios y más avisos en las noticias, pero nunca se volvió a saber de ella y del famoso hombre del café… creo que fue el único que tenia el hechizo… aunque recordando ahora me resulte algo familiar.
Ella sabia lo que hacia desde el principio, pero no fue su culpa. Su estricto código de honor lo mantuvo hasta cuando su vida se vio amenazada. Y es por ello que mi padre ahora paga una condena de 30 años en prisión, pues de tremenda historia nadie se salvaría. Aun veo como los estragos de sus acciones lo martirizan en su celda, cuando lo visito religiosamente cada domingo, y cada domingo me dice lo mismo: - “Se la llevó mijo, se me llevaron a su mamá, se la llevó un buen hombre”.
No tuve la creatividad de escribir esta historia antes, para denunciar a mi padre, quien lo pedía a gritos, hasta cuando me mostro la foto. La foto donde reposaba el pie de marfil y la sandalia de bronce, sandalia que dejó sus huellas en la frágil baldosa del mi antigua casa, fisuras que solo aparecen cada tanto acompañadas, según mi papá del pie bueno que le dejo. Huellas que solo se formaron cuando esta pequeña imagen se adhirió a la pierna de mi mamá. Foto donde solo se ve el pequeño pedestal vacio que mi papa construyó. Fotos que enseña cada vez que puede a un nuevo interno.
martes, 22 de abril de 2008
jueves, 17 de abril de 2008
Soy Biodegradable.
Para llegar a esta conclusión, el pobre Lex se desgasto los últimos 23 años de su vida buscando la razón de su existir. Sabía que había recorrido el mismo camino que los demás, sabia que en su programación estaría el preguntarse sobre si mismo y sabia que haría el mismo ridículo que todos los mortales. Por eso buscaba incansablemente sobre alguna base teórica nueva, un camino por el cual nadie había transitado, y su rostro se iluminó al saber que había dado con la frase que lo identificaría por el resto de sus días.
“Soy Biodegradable”- Apenas se delineaba una pequeña curva a cada extremo de su boca, mientras iba en el bus regreso a su casa. Imaginaba como esa frase podría cambiar la visión de las personas, el estampado en una camiseta, una frase de moda, y una próxima cultura a surgir.
Pero como su misma filosofía de vida le dictaba, quedaría simplemente en un pensamiento, una idea que no daría fruto, y que permanecería allí, hasta que algún día se hiciese realidad.
Sin embargo esta misma frase empezó a cobrar vida, y el hecho de saber que terminaría sus días como una entidad Biodegradable le asustó tanto, que decidió lanzarse a su escritorio y escribir estas cortas líneas denunciando el atropello que el destino le había demarcado a él, y sólo a él.
Es así como Lex descubrió ese día el poder de la lectura y su vana perpetuidad, que podría llevar este mensaje a alguien 200 o 300 años en el futuro, lográndose ocultar bajo un estúpido seudónimo como “Lex”, y aceptando en este escrito, que Francisco lo escribió.
“Soy Biodegradable”- Apenas se delineaba una pequeña curva a cada extremo de su boca, mientras iba en el bus regreso a su casa. Imaginaba como esa frase podría cambiar la visión de las personas, el estampado en una camiseta, una frase de moda, y una próxima cultura a surgir.
Pero como su misma filosofía de vida le dictaba, quedaría simplemente en un pensamiento, una idea que no daría fruto, y que permanecería allí, hasta que algún día se hiciese realidad.
Sin embargo esta misma frase empezó a cobrar vida, y el hecho de saber que terminaría sus días como una entidad Biodegradable le asustó tanto, que decidió lanzarse a su escritorio y escribir estas cortas líneas denunciando el atropello que el destino le había demarcado a él, y sólo a él.
Es así como Lex descubrió ese día el poder de la lectura y su vana perpetuidad, que podría llevar este mensaje a alguien 200 o 300 años en el futuro, lográndose ocultar bajo un estúpido seudónimo como “Lex”, y aceptando en este escrito, que Francisco lo escribió.
Que me invaden
Que me invaden las ganas de escribir…
Como ejercicio de exhumación, puede parecer algo retórico, cansadico, plutónico y arbitrario y el vidente no conforme a su estructura prolífica literaria. Esperando con esto mejorar su redacción, el llamado así “Francisco” se dispone a escribir sobre un papel imaginario, tal vez el acontecer del día, o un idea macabra que ronda a veces, o un deseo reprimido que con el tiempo quizás no entone con la mejor de las melodías, y es así como se embarca buscando darle forma a una forma de escritura que él cree, que prometerá ser una de las buenas, por no decir que las mejores.
Siendo que no entiendo lo que escribo, espero que me entiendan algún día, y cuando eso ocurra todos habremos entendido, que cuando alguien se dispone a hacerlo hay miles de ojos que devoraran lo escrito y podrán darse cuenta que perdieron su tiempo.
Como ejercicio de exhumación, puede parecer algo retórico, cansadico, plutónico y arbitrario y el vidente no conforme a su estructura prolífica literaria. Esperando con esto mejorar su redacción, el llamado así “Francisco” se dispone a escribir sobre un papel imaginario, tal vez el acontecer del día, o un idea macabra que ronda a veces, o un deseo reprimido que con el tiempo quizás no entone con la mejor de las melodías, y es así como se embarca buscando darle forma a una forma de escritura que él cree, que prometerá ser una de las buenas, por no decir que las mejores.
Siendo que no entiendo lo que escribo, espero que me entiendan algún día, y cuando eso ocurra todos habremos entendido, que cuando alguien se dispone a hacerlo hay miles de ojos que devoraran lo escrito y podrán darse cuenta que perdieron su tiempo.
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